EL EXCENTRICO AVESTRUZ

A veces se puede pensar que el avestruz es sólo un ave de aspecto ridículo que jamás logró despegar del suelo, considere los siguientes datos:

En pleno vuelo, este animal se impulsa a zancadas de tres metros y llega a alcanzar una velocidad de 80 k.p.h., superada en tierra sólo por el guepardo. Por otra parte es capaz de mantenerse a una velocidad constante d 35 k.p.h., durante 10 horas.

Tiene una vista tan aguda, que puede descubrir al enemigo a diez kilómetros de distancia. Retrocede ante cualquier amenaza y, en caso de verse acorralado, lanza patadas formidables que destriparían, como golpes de cimitarra, a más de un atacante. En Kenia, un ejemplar lucho contra una leona para salvar a sus polluelos, e hizo huir al desconcertado felino.

Lejos de ocultar la cabeza en la arena, como quisiera hacernos creer Plinio el Viejo, naturalista romano, el avestruz es, en realidad un maestro del camuflaje. Tiene la cabeza y el cuello a ras del suelo y solo encoge el cuerpo para simular un arbusto y una roca. La hembra incuba durante el día y lo pardo de su plumaje le permite confundirse con el ambiente; y el macho, de color negro, la releva durante la noche.

Incapaz de volar, el avestruz tal vez sea un ave rara, pero no por eso menos digna de tomarse en cuenta. Tiene un cerebro ágil – aunque del tamaño de un guisante – y lo ha sabido emplear para adaptarse al medio a lo largo de ochocientos millones de años. En la actualidad no sólo es uno de los pocos animales silvestre de África que no corre peligro de extinción, sino que también sostiene una próspera industria.

En otro tiempo vagó en enormes bandadas a través de África, cruzó el Golfo Pérsico y penetró en el norte de la India. Los egipcios lo veneraban en la creencia de que sus plumas simbolizaban la verdad y la justicia. Sólo a los faraones se les permitía usar las grandes plumas.

Al paso de los años, la mayoría de los avestruces fueron sacrificadas por su plumaje, pero a mediados del siglo XIX Algunos granjeros sudafricanos empezaron a domesticar a estas dúctiles criaturas y no tardaron en callar a quienes los tachaban de ser tan tontos como las aves corredoras que criaban.

Hoy, la cría de avestruces es un floreciente negocio que genera ingresos por veinticinco millones de rand (moneda de la región) al año, quince de los cuales corresponde solamente a las exportaciones. El centro de dicha industria es la población de Oudtshoorn, en el sur del país. Allí, a la sobra de la cordillera de Swartberg, viven en 350 granja cerca de 100,000 ejemplares, lo que equivale el 97% de avestruces domesticados en el mundo.

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